Blanca González
“Allá, entre las montañas ”
Dicembre 2019

Blanca González

Ciudad de México, 1981

Estudió la licenciatura en Artes Plásticas en la ENPEG La Esmeralda y la Maestría en Producción Artística en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Actualmente vive y trabaja en la ciudad de Oaxaca. Su principal interés es reflexionar sobre aquellos paisajes que son modelados por distintos procesos geológicos y acciones humanas. A través del uso de medios como el dibujo, la fotografía y la cerámica, plantea una serie de situaciones hipotéticas en relación con los espacios naturales que son intervenidos por construcciones de escala sobrehumana.

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Cred. foto: Arnaud Zein El Din

 

Allá, entre las montañas

¿Qué pasaría si…?, se pregunta Blanca González mientras viaja por la carretera que va de México a Tuxpan, y observa con atención el paisaje que corre paralelo frente a ella. Adentro como afuera, todo se ha puesto en movimiento, y Blanca descubre, inmersa en aquella experiencia de montañas, ríos, acantilados, túneles y puentes, que algo más se pone en marcha casi de manera simultánea. Allá, entre las montañas, es el arribo final de ese viaje por la Sierra Madre Oriental y las confluencias que de ahí detonaron. Fueron casi tres años de sostenerle la mirada al paisaje; de interrogarlo e intervenirlo con los ojos, primero; de explorar y experimentar con los volúmenes de la materia, después.

El largo aliento del diálogo entre los artistas y el paisaje resulta inagotable. En el curso de su historia encontramos momentos de gran riqueza creativa que demuestran la preocupación del ser humano por habitar el entorno, visualizarlo, idearlo, abarcarlo… comprender el lugar que la existencia humana ocupa en ese mundo ahí afuera. Algunas influencias, como la de los paisajistas románticos, que vieron en ese exterior, el interior de sí mismos ―pensemos en las obras de K. F. Schinkel o en la imagen paradigmática creada por Caspar Friedrich― parecen haber perdido fuerza en la actualidad o seguir envueltas en la niebla de la nostalgia, mientras que otras, como las propuestas del land art o las del arte ambiental mantienen su vigencia, se reactualizan o sus formulaciones cobran vigor en los contextos e imaginarios actuales (estimulantes, sin duda, y que se multiplican y experimentan a gran velocidad) provocando que se lleve al límite la tarea de repensarlos y reimaginarlos.

Esta posibilidad de pensar el proceso artístico como un acto que, efectivamente, implica una construcción tanto lingüística como visual, se expresa en cada uno de los dibujos y cerámicas de la exposición. Advertimos que no son únicamente la prueba material de la interpretación o las especulaciones de la artista; sino que pueden observarse como estaciones de paso de un recorrido no convencional que es el eje o el núcleo generador de su propuesta. ¿Senderismo escultor, acaso? Extraer, trasladar, rellenar, modelar desde distintos ángulos y escalas, son acciones que González relaciona y contrasta como valores positivos y negativos ―cabría recordar a Michael Heizer o, incluso, a Rachel Whiteread―, transformando la composición general y específica del paisaje. Éste deviene materia escultórica y adquiere otros relieves, se descubren variaciones, acercamientos, encuadres, distensiones, ajustes de medidas y volúmenes, codificados por la artista y el lenguaje de sus materiales: la cerámica de alta temperatura, el grafito, la tinta y las distintas superficies del papel. La transformación ocurre, y la mirada es sensible a sus efectos, como las capas terrestres que se amalgaman, hunden o fracturan por la huella geológica o la construcción humana.

¿Qué pasaría si…? Tras los puntos suspensivos de esa interrogante primera, la obra de Blanca se abre camino, haciendo manifiesta la posibilidad de hallar respuestas que sean, quizás, como hojas de ruta hacia nuevos paisajes, nuevas metamorfosis.

Aisha Cruz Caba

Curaduría : Violeta Celis.